lunes, 10 de febrero de 2014
sábado, 8 de febrero de 2014
SUCEDE
Sucede que hay estaciones
donde los trenes tiene rostro,
cuerpos y miradas de amor,
o de hielo.
Raíles de historias vividas,
camas revueltas,
cuerpos sudorosos,
risas cómplices.
De espalda contra espalda,
reproches,
llantos,
memorias y desmemorias.
Sucede que los trenes
pasan,
se marchan,
subes o los pierdes,
y hay maletas
que quedan olvidadas,
en los andenes del reproche,
en las salas de espera
de los billetes, pasados de fecha,
o caducados.
Sucede que transitamos,
por las vías de los hechos,
no siempre son los que quisimos,
los que quisieron,
los que dicen,
aquellos que sabemos fueron.
Para bien o para mal,
sucede.
imagen: Google
jueves, 6 de febrero de 2014
EL REGRESO
Miraba el mar. La furiosa embestida de las olas contra el acantilado. La enorme similitud entre el romper blanco de la espuma contra la caliza roca y el crepitar de los troncos en el fuego del hogar.
El fuego y el agua. Lo opuesto.
Se dejó mojar, sintiéndose parte de aquella furiosa naturaleza.
¿En qué momento había dejado de serlo?
No sabría decirlo.
Amaba con la misma furia que el mar, con igual ternura lamia la boca amada, como el acariciaba la arena, ola a ola, lenta y cálidamente.
El amor era como ella, o ella era como el amor. Loco e impredecible…
No supo cuánto tiempo estuvo allí.
Miraba el oleaje respirando la enormidad, sintiéndose más fuerte que nunca, mas excitada, más poderosa y a la vez débil.
Una ola la empujó contra las rocas. Un dolor intenso en la cabeza, su mano llena de sangre y el mareo inesperado le dieron la primera señal.
Se quitó el abrigo e hizo caso omiso de las voces que gritaban advirtiéndola.
Sabía que vendría a buscarla con la ola más hermosa y precisa. Volvería al origen, regresaría a casa, con el único amor que nunca le reprochó nada y le devolvió la vida tantas veces.
Le vio venir. Abrió los brazos y se dejó llevar al otro lado del azul, donde las rocas no iban a lastimarla nunca más.
sábado, 1 de febrero de 2014
ABANDONO
Se me ha parado el reloj
ese de la compañía
el que me dice que sigo aquí
que estoy conmigo, aunque esté sola.
Es inútil darle cuerda
se para cuando quiere
dejándome vacía
como a una avellana hueca.
Se me ha ido a bucear los tiempos
a buscar los momentos
esos en los que el
no me fue preciso.
Es madrugada
llueve despacio, sin querer despertar
sin mover las hojas de los plataneros.
Tengo eso que no suelo tener,
tengo frio y una sonrisa en los labios
supongo que, una mueca extraña
Una paloma agoniza en un rincón
del patio.
Los hilos del tendedero
sujetan las gotas de lluvia
que no quisieron morir contra el suelo.
Las nubes se rompen
se separan,
se dispersan.
Una luz se enciende
en otro edificio.
Sé que no dormiré
que no estaré conmigo hoy
ni yo ni nadie paseará
el cielo sin estrellas de mi mente.
Es cruel el propio abandono.
Todos los relojes marcan las horas
menos el mío.
martes, 21 de enero de 2014
domingo, 19 de enero de 2014
miércoles, 15 de enero de 2014
sábado, 11 de enero de 2014
jueves, 9 de enero de 2014
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