
Regresaba con el diagnóstico en la mano sabiéndolo sin admitirlo que, uno se muere todos los días, uno pierde algo a diario pero sin fecha límite sin ese conocimiento del final.
Entonces, levantan el telón y te notifican ya no hay más tiempo para otra cosa y se araña o se pretende arañar años
meses; días. Uno se conformaría con algunas horas de más, pero no hay almacén que las venda
ni nadie que te indique el lugar donde depositar el alma a cambio de tiempo.
El muelle estaba tan solo cuando el miró el móvil y contó dieciséis llamadas perdidas.
¿Para que mantenerlo en silencio..?. Lo tiró al agua.
Sonrió calándose mejor el sombrero y sacó el revolver del bolsillo. En la recámara una sola bala. Giró el tambor y cerró.
Siempre pensó en lo absurdo de ciertos " juegos". El albur de la vida...Si el primero falla, me fumo otro cigarrillo
puso la boca del revolver sobre su sien y apretó, el "clic" sonó con nitidez...suspiró con cansancio encendiendo con parsimonia otro cigarrillo. El cielo estaba azul y el mar calmado. Un bonito día para morir o para seguir viviendo
pero el no podía optar por lo segundo. Sacó la carta del bolsillo y temblando volvió a leer
"Lamento comunicate que el pre-diagnóstico que realizamos a tu hija fue correcto...el contagio de VIH...
El segundo intento lo dejó tendido en el suelo.