jueves, 12 de octubre de 2017

TORMENTO

Sus muslos son el camino
de la ambición de mis manos,
su boca, la fuente donde muere,
la insaciable sed de la mía.



imagen: Red 

PREDISPOSICIÓN

Siempre fui un ser predispuesto.
Nacer mujer,
predispuso a mi padre, 
a predisponer a otro hombre
para que según él, cargase conmigo.

Mi condición,
predispuso al hombre a "protegerme de mi misma"
y para ello, me predispuso a ser esposa para que fuese madre.
Fui madre, todavía lo soy,
eso es, hasta que la muerte nos quite el diploma.
Y pasé mi vida predispuesta a que los otros,
predispusieran sobre mi docilidad.
Hasta que un día,
alguien me dijo que,
era mentira lo de nacer,
para que otros decidieran mi predisposición.
Y me predispuse a creerle,
y poco a poco me fui enfadando,
luego me irrité,
me enfurecí,
y me di cuenta de que,
todos aquellos que me habían predispuesto,
eran mucho más débiles que yo.
Era difícil desnudarse en público,
frente a tanta gente predispuesta,
a ser la mano de un dios sin mirada.
Y me desnudé de la predisposición,
sin tapar mis senos,
sin tapar mi sexo,
sin esconder mi alma
Cerré los ojos para no verlos babear,
por no oír sus voces,
escuché el canto de los pájaros metálicos,
de las campanas insertas en los libros,
del rumor del mar,
del viento paseando por las hojas de los árboles,
y fui liberada de mi docilidad,
de mi sumisión,
del miedo a no ser.
Y quise no estar con nadie "predispuesto/a",
supe del caro precio de aquella pseudo libertad,
y sin regatear, pagué y seguí pagando largo tiempo.
Ahora me veo en el ayer y no me reconozco,
paso por la memoria y quiero negarme,
pero no puedo.
Aquella "predispuesta" a no ser nada imprevisto,
era yo,
aquella que decía SI, queriendo decir NO,
era yo,
aquella que temblaba ante los gritos y los palos,
era también yo.
Creo que me enterraron de a poquitos,
pero me enterraron, y el trozo que quedó sin tierra,
lo arrastré para sepultarlo con mi propia mano.
Ya no queda nada en mi PREDISPUESTO,
salvo mi corazón a ser enamorado.

imagen: Google 

lunes, 22 de mayo de 2017

LA MUERTE DEL DÍA ANÓNIMO

Aquel día se había muerto,
en plena calle,
y nadie quería enterrarlo.
Se apoderó de la gente,
pánico a un posible contagio.
El día siguió poniéndose cada vez,
más rígido y cetrino
oliendo a humedad y a pobre,
que nadie quiere tocar por si se ensucia.
No hubo un juez para levantar el cadáver,
solo un pequeño abrió su mochila,
y sacando el babi del colegio,
le tapo la cara con un gesto piadoso.
Dicen que lo enterraron a escondidas,
en una tumba común.
En el atestado no figuró un nombre,
era un día anónimo, sin pedigrí,
como otro cualquiera.


imagen: ilse-bing