sábado, 11 de junio de 2011

LA PROMESA


El pueblo entero le acompañaba todos los años.
Siempre a la misma hora, siempre de punta en blanco.
Fermín es, el hijo del pueblo.,porque el pueblo lo ha criado, desde que lo abandonaron allí, debajo del arco de la entrada...el cura lo tomó y entre todos lo educaron, vistieron y alimentaron.
Fermín era el hijo de todos.
Tan listo, tan bueno, tan amable., hasta que el maldito jaco le pego la coz y le dejó en lo infantil para siempre.
Siguió siendo el hijo del pueblo aunque, ya no fué el más listo.
Fermín hizo una promesa cuando Doña Felisa, -la estanquera- a la que quería como a las ciento veinte madres que tenía, se puso tan enferma.
Rezó con fe y prometió.
Eso fue hace veinte años y sigue cumpliendo -o al menos intenta cumplir-
Todos los días de San Fermín, de punta en blanco, estrenándolo todo, se acerca a la acequia intentando saltarla.
Todos le acompañan con jolgorio por las calles , pero al llegar todos callan.
Fermín se quita la chaqueta, la dobla como si de un rito japonés se tratase., se saca los zapatos y mira al cielo, persignándose.
La acequia tiene cincuenta centímetros de ancho...no es nada.
El problema es que siempre confundió los dos términos y prometió saltar a lo largo...son sólo catorce kilómetros, pero no le alcanzan las piernas por mucha fe que le pone...
Hoy le toca a Margarita -la madre de la farmacia- traerle las toallas y el albornoz para secarle.
¡¡Venga Fermín, que tu puedes!! -gritan todos a una- y a una sueltan el
 “¡¡Oh...por poco..!!”  de todos los años, frente al rostro decepcionado de un hijo tan bueno como,  voluntarioso y cumplidor.

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